Autor: Francisco Fernández García
Antes de empezar a escribir este artículo, he sentido la curiosidad de preguntarme si realmente tenía claro el concepto de emprendedor (disculparme el genérico pero creo que hablando de este tema, el “/a” sobra ya a quien empiece la lectura de algo relacionado, y se debe obviar cualquier polémica sexista).
Pues bien, cojo el diccionario y leo: Emprendedor, ra: Que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas.
¿Alguien más se ha sorprendido?, lo cierto es que me ha sorprendido levemente la matización de “con resolución” y en mayor grado si cabe los calificativos de “dificultosas o azarosas”.
Es decir, que no es emprendedor quien simplemente emprende algo, sino que para que nuestra Real Academia de la Lengua Española nos califique como tales debemos emprenderlo resueltamente, aún sabiendo que lo emprendido será difícil y complicado. Bien es cierto que en los tiempos que corren, el simplemente hecho de levantarse cada día para enfrentarse a nuestra vida, puede considerarse dificultoso o azaroso pero desde luego, lo que si seguro lo es, es iniciar cualquier actividad más allá de la simple rutina.
Demos un pasito atrás y leamos la primera frase del párrafo anterior, hablo de quien “emprende algo”. ¡Vaya! Le he cogido gracia a esto del diccionario, busco y encuentro: Emprender: Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro.
Aquí al menos encontramos la matización con la palabra “especialmente”, pero seguimos obviando las cosas sencillas ¿o es que ya no habrá cosas de esas?
En realidad nada es sencillo, solo la actitud de quien emprende simplifica las cosas. Si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta de que los que consideramos realmente grandes emprendedores son los que han conseguido hacer fácil lo difícil, e incluso, en ocasiones, posible lo “imposible”.
A esta altura del escrito he caído en la cuenta y he sido consciente de que la verdadera esencia de la definición está en la expresión “con resolución”.
Efectivamente, lo que define a los grandes emprendedores desde Colón hasta Bill Gates es la decisión, la valentía o el convencimiento con los que acometieron aquellas acciones nuevas, objeto de su fijación. Ese es el matiz que consigue diferenciar a un emprendedor de quien no lo es. Todos podemos iniciar acciones difíciles, complicadas e incluso peligrosas, pero lo que nos distingue como emprendedores (me permitiréis incluirme en el grupo) es hacerlo con convencimiento, con ilusión y con todo el empeño del que somos capaces.
Otro matiz muy interesante de las definiciones es que en todas se habla de emprender, iniciar o acometer. No hay referencia a que nada llegue a buen puerto, se finalice (con o sin éxito) o se concluya lo iniciado.
Es posible que si se cumple la fase de partir de un convencimiento previo, si se pone todo lo que se tiene en el esfuerzo, o simplemente se tiene presente que podemos equivocar varias veces el camino pero al final llegaremos, sobre hablar de un final ya que éste siempre será el éxito de nuestros proyectos.
Como conclusión, creo que mi concepto base de emprendedor se refleja con bastante exactitud en las definiciones oficiales.
Podemos darle muchos giros, enfoques e incluso hacerlo objeto de una animada tertulia, pero el emprendedor es aquel que traduce sus ideas en acciones mejorando en el día a día su propio camino y el de los que lo acompañan en él.



