emprendedor

¿Qué es un emprendedor?

Autor: Sergio Iglesias

“Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”.

La Real Academia Española define así el término EMPRENDEDOR. Parémonos un momento a analizar dicha definición.

Acometer implica decidirse a una acción o empezar a ejecutarla. Esa decisión es muchas veces el impedimento de que algo nuevo, original y novedoso vea la luz; su ausencia mas bien. Es la iniciativa y la decisión de las personas lo que lo empieza todo. Por muchos planes de negocio que tengamos, estudios de mercado que hagamos, meticulosas cuentas que realicemos, por mucha misión y visión que tengamos definidas…primero es necesario que alguien de el primer paso, que alguien esté dispuesto a comenzar todo eso y lo ponga en funcionamiento. Esa decisión es una de las cualidades que debe tener un emprendedor. Entre otras muchas.

La meta puede ser muy diversa. Lo primero que se te viene a la mente cuando oyes a alguien decir que es emprendedor, es la típica historia de alguien que tenía un sueño, una idea, de cómo comenzó de cero y llego a crear un imperio. Hay muchos casos así, desde Amancio Ortega hasta Bill Gates, que empezaron sus negocios desde la nada y triunfaron

Otros han emprendido en otras facetas muy distintas. Como Dick Hoyt, un padre norteamericano que empujo a su hijo discapacitado en silla de ruedas en más de 900 eventos y competiciones (triatlones, maratones, etc.) para hacer que Rick, aficionado al deporte, no se sintiera discapacitado por un momento. Eso también es emprender. De otra forma, buscando otra meta, teniendo otro empeño.

Otro caso es el de Claudio Mas, un artista aldaiero que sufrió un ictus cerebral hace años que le incapacita para la vida cotidiana. En este caso es obvia la dificultad que entraña poner en práctica una idea, un proyecto. Claudio lo hizo, con una caja de oleos, sin recibir clase alguna de pintura. A día de hoy, se trata de un artista con oficio y maestría, que en su obra domina el color, el dibujo y la perfección en cada pincelada.

Todos ellos se encuentran con obstáculos en el camino. Obstáculos que necesitan ser salvados, piedras en el camino que debemos prever en la medida de lo posible y saber esquivar cuando aparecen de improvisto. Y en un mundo como el de hoy, duro y competitivo, despiadado a veces, donde nadie regala nada, piedras hay de sobra.

Cuando se trata de nuestro proyecto, asumimos riesgos y peligros, ya que seguramente hayamos invertido parte de nosotros mismos (dinero, patrimonio, tiempo, vida social) en sacarlo adelante. Son riesgos asumidos por el emprendedor, que toma consciencia de ello cuando concibe la idea en su cabeza. Quien algo quiere, algo le cuesta.

Esos riesgos no son asumidos por todo el mundo, bien porque no se quiere o no se puede. Tomando como ejemplo el caso empresarial, trabajar por cuenta ajena te da una seguridad y una comodidad (trabajas, y a fin de mes, cobras) que seguramente no vas a tener cuando afrontas el reto de iniciar tu propio negocio. Y en cuanto a lo social, siempre es más fácil y cómodo colaborar con asociaciones que iniciar un proyecto social. El camino está lleno de obstáculos, pero eso no tiene que impedir al emprendedor seguir persiguiendo su meta. Al contrario, tiene que salir fortalecido.

De vez en cuando, es necesario que alguien innove, cree, de un aire fresco a la situación actual. Son muchos agentes los que deben intervenir para dar este paso adelante. El emprendedor, que es el que nos ocupa, necesita de apoyos y ayudas para llevarlo a cabo. Tanto organismos públicos como algunas instituciones deben desempeñar un papel fundamental, ayudando al emprendedor y dándole facilidades (económicas, de establecimiento, etc.). El fomento de la cultura emprendedora debe entenderse como una tarea fundamental para un país o región. Es una inversión en futuro. Y como cualquier inversión, implica dinero. Esta cuestión es clave para todo emprendedor, encontrar inversores que nos financien, para lo cual necesitamos tener un plan de negocio viable. Y esto solo se consigue trabajando duro, informándonos, preguntando, comparando…Necesitamos unas bases solidas sobre las que construir nuestro proyecto.

Una vez me dijeron que había tres formas de hacer las cosas: mal, bien y como siempre.

Intentamos huir de lo primero (mas nos vale) y nos acomodamos en lo último. Es lo que se suele hacer, lo que se conoce, lo que seguramente no va a salir mal. Es fácil caer en la tentación del “como siempre”, pero el emprendedor no acepta esa comodidad y busca otro camino. Como en la mayoría de las cosas, la virtud esta en el término medio, en este caso, en hacerlo bien. Podemos entender este “hacerlo bien” como hacer las cosas de la misma forma que los demás, pero mejor, añadiendo algo, dándonos un valor añadido que nos distinga y nos ponga por encima de nuestro competidores.

Podemos entenderlo también como hacer algo nuevo, innovador, que rompa esquemas. Algo que no se haya visto antes y que abra nuevas fronteras. Seguramente unas fronteras que, con el tiempo, acabaran siendo el “como siempre” de la época, hasta que alguien vuelva y abra otras nuevas.

2 Comentarios

  1. Zahida

    Soy ajena a CLINIC, pero realmente me ha gustado este artículo. Opino que con diferencia, es el mas interesante de todos.

    Posted on 14-dic-09 at 19:18 pm | Permalink
  2. kike

    Enhorabuena por el escrito y gracias por compartir tus reflexiones. Nos vemos el martes 22. Un abrazo. kike

    Posted on 20-dic-09 at 18:46 pm | Permalink

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